Y es que nos siguen desapareciendo, 11 años sin Julio López, 48 días sin Santiago Maldonado. Las fuerzas represivas estatales siguen utilizando prácticas que creíamos desterradas, terroríficas se vuelve cuando la identidad es borrada, espumados del mapa, y es que la lógica es tal que nos avergüenza y nos indigna. Como la razón puede usarse para esto. Por más manto mediático y judicial que intente ocultar, volviendo victimario a la víctima, nosotros somos miles los que sabemos que detrás de ese ocultamiento hay un aparato que trabaja para eso. Por eso marchamos, por aparición vida y castigo a los culpables.









