Nilda de pelo negro

“La foto es del año 1998. Un Julio López muy jovial, junto a Nilda Eloy, en ese tiempo morocha pero con su inconfundible gestualidad de fumadora reconcentrada. Me gusta este momento que captó la cámara de Helen Zout. A fines de los 90 no había horizonte posible para los procesos de justicia por los crímenes de la dictadura. Pero los organismos de derechos humanos se las ingeniaron. Y encontraron una fisura para pelearle a la impunidad. Nacieron así los Juicios por la Verdad que juntaron prueba y testimonios fundamentales. La foto retiene el instante en que Nilda Eloy y Julio Lopez trabajaban para esos juicios. Pero en verdad apostaban al escenario que se abriría recién en el año 2006, cuando el mandamás de la policía bonaerense Miguel Etchecolatz debió sentarse en el banquillo de los acusados. Ni ellos ni yo, desde este rincón del tiempo, sospechábamos lo que vendría: que fuera posible una segunda desaparición. Que 20 años después, esa segunda desaparición de Julio López, continuara impune. Pero Nilda y Julio y tantos otros y otras lograron mover la rueda de la justicia gracias al coraje y una infinita imaginación política que tiene mucho para decirle a este opaco presente. Por eso elijo esta foto para traer la memoria de López. Esta imagen viene a decirnos que los juicios no fueron un regalo que cayó del cielo, fueron una disputa de la sociedad argentina. Esta foto viene a decirnos que no hay conejos en la galera, que hay construcción colectiva, que hay procesos que van por abajo, despacito, persistentes, capilares, astutos. En el 2006 nos amenazaron y sembraron el miedo. Sabíamos que las intimidaciones a testigos, jueces, abogadas/os y periodistas venían de las catacumbas del Estado. Lo supe en carne propia y por primera vez sentí en la espalda el frío del miedo. Pero había algo que nos cobijaba y era ese movimiento que había empezado mucho antes, cuando todo parecía del orden de la imposibilidad. El mismo movimiento por la justicia y la dignidad que nos sigue cobijando hoy, como una brújula incierta y obcecada“.

Ana Cacopardo